SakryniaLa tierra de las lágrimas

Eres demasiado poderosa… ¡Renuncio a ti!
Kuygik, al econtrar la espada embrujada de Gradalur
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Al otro lado de la magnífica cordillera montañosa conocida con el nombre de El Espolón de Yalin, se encuentran las llanuras dominadas por las tribus bárbaras, un desunido pueblo nómada, salvaje, primitivo y sanguinario.

Las tribus bárbaras son, en realidad, una miríada de clanes independientes que comercian y guerrean entre ellos casi con la misma frecuencia.

Viven prácticamente aislados debido al difícil terreno que separa las tierras bárbaras de Yoilak y a la firme política fronteriza de Davaek y sus fuertes.

Las montañas son casi impracticables y el espeso bosque conocido como La Perdición de Lurebelle es un lugar maldito para este pueblo supersticioso.

Al norte de las tierras bárbaras, se alza el Muro de la Defensa, una serie de fortificaciones defensivas con la que los davaekianos intentan prevenir una nueva invasión.

Los bárbaros del este apenas tienen contacto con el resto de habitantes de Sakrynia, pues son considerados, y con razón, como una comunidad peligrosa y de trato difícil. Tan solo las tribus más meridionales comercian regularmente con los kalemíes.

Cada tribu se organiza en torno a un líder fuerte que, normalmente, alcanza tal posición mediante una brutal demostración de fuerza.

Si uno de los caudillos se muestra débil o inseguro, o si es derrotado por un nuevo aspirante, se produce un cambio de líder.

Aunque existen clanes dirigidos por mujeres temibles, lo más frecuente es que las tribus estén lideradas por jefes masculinos.

Sobreviven gracias a la pesca, la caza y la recolección, y se mantienen siempre en movimiento, intercambiando bienes con otras comunidades bárbaras o comerciando con los sureños del desierto.

Montan con maestría un tipo de caballo pequeño y rápido pero muy resistente, siendo capaces de recorrer grandes distancias manteniendo un ritmo alto. Incluso al galope, los bárbaros disparan con precisión sus pequeños arcos, mientras conducen a sus monturas valiéndose únicamente de las piernas.

Los bárbaros son orgullosos, territoriales y muy posesivos. Responderán de inmediato ante cualquier ofensa y, si ello no es posible, se la guardarán envuelta en rencor y resentimiento hasta que llegue el momento de su venganza.

Aunque defienden con firmeza lo suyo y a los suyos, son eminentemente prácticos, y no dudarán en abandonar a su suerte a cualquier bestia o miembro del clan que pierda su utilidad; un caballo cojo o un anciano que no pueda valerse por si mismo son buenos ejemplos.

Hombres y mujeres guerrean y cazan por igual, tan solo existen dos grandes diferencias entre ambos géneros; la maternidad y la videncia de las entrañas y, tanto a la una como a la otra, les atribuyen gran valor y un origen divino.

Los bárbaros de las llanuras son de menor estatura que los thylslahrios incluso, tienen el pelo
negro y lacio, ojos rasgados y piel pálida.

Acostumbran a dibujar símbolos rituales en sus rostros, muchas veces utilizando sangre animal, o de un enemigo, como pigmento. Creen que, con ello, atraerán el favor de los dioses. Cierto o no, el hecho es que su sola visión aterrorizará a cualquier enemigo.

Raramente se encontrará a uno de estos bárbaros por las tierras civilizadas. Su aspecto, y especialmente su reputación, los convierte en gentes a las que evitar.

Las tribus bárbaras no estigmatizan a los brujos, los contemplan con admiración y temor, y contar con uno dentro de la propia comunidad es algo que aprecian y desean.

Las dyegde, o videntes de las entrañas, son mujeres con la habilidad de ver el posible futuro en las vísceras y órganos de animales.
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