SakryniaLa tierra de las lágrimas

Nuestras raíces como pueblo son fuertes y profundas, como las del Tejo Milenario. Llamarnos “provincia” es una muestra más de vuestra arrogancia darshamita. ¡Una que va a costarte la vida, además!
Thale Maÿlis, reina de Erkeryl
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Hace mucho tiempo, el Thale Ergnir perdió una disputa entre vaeringjar, tan antigua como sangrienta y fue condenado a abandonar para siempre las Tierras Heladas.

Lo que debía ser un castigo humillante se convirtió en una salida honorable cuando casi trescientos vaeringjar decidieron acompañar a su thale.

Se establecieron en las tierras que hoy se conocen como Erkerÿl, que en la áspera lengua de los vaeringjar significa “los que se fueron”.

Los hombres y mujeres de Ergnir derrotaron a los habitantes originales quienes más tarde terminaron siendo asimilados por los recién llegados.

Los erkerÿlenses comparten muchos aspectos con sus “primos” (como se llaman mutuamente) los vaeringjar; la lengua, el aspecto físico y muchas de las antiguas tradiciones.

Pero también presentan grandes diferencias; son más abiertos con los extranjeros, los cultos a los dioses han ganado terreno en su sociedad, y no sienten el mismo temor que sus primos ante lo sobrenatural.

El Thale Ergnir fue enterrado bajo un tejo, que se convirtió en el símbolo nacional y que todo erkerÿlense venera, aún hoy, como un árbol sagrado al que se atribuyen misteriosos poderes mágicos.

Aunque ligeramente más civilizados que los vaeringjar, son guerreros agresivos y valientes, que presentan combate con espadas de factura vaeringjar y magníficas cotas de anillos.

Erkerÿl es una tierra rica, con buena pesca, excelente madera y gran abundancia de cobre, hierro y muy especialmente plata. No es de extrañar que llamase la atención del Imperio que logró someterlos tras una guerra prolongada.

Desde hace unos años, los erkerÿlenses se han levantado en armas en algunas zonas y luchan contra el invasor.

Las legiones invencibles han demostrado no serlo, y los ataques feroces que los rebeldes realizan desde sus refugios en las montañas y en los bosques, muchas veces coordinados con incursiones de vaeringjar, han terminado con algunas victorias que el Imperio trata de mantener en secreto.

El Gran Lobo ha enviado más legiones y mercenarios a la provincia rebelde y, mientras en algunos puntos del territorio, los signos de la guerra son evidentes, en otros, el país parece totalmente controlado por las fuerzas de ocupación.

Pero, al contrario de lo que ocurre con sus primos de las Tierras Heladas, los erkerÿlenses están unidos y, en todo el país se pronuncia con fervor el nombre de Thale Maÿlis, la reina que dirige la rebelión desde algún refugio en las montañas o en los bosques, nadie lo sabe a ciencia cierta.

En cada taberna, en cada mercado, en cada rincón de Erkerÿl su nombre es sinónimo de esperanza y, cuando la cerveza calienta los ánimos, algunos se atreven asegurar que un nuevo Ûldinn está por llegar, pues el mismo Mornwulf desea un Erkerÿl libre.

Los erkerÿlenses trenzan sus cabellos y barbas igual que sus primos, pero los trenzados y recogidos suelen ser más elaborados. El vello facial está más cuidado y corto que en el caso de los vaeringjar, seguramente debido a la influencia de la prolongada ocupación darshamita.

Utilizan prendas de lana sensiblemente mejor acabadas que las de sus primos, y en la temporada cálida algodón y lino provenientes de tierras más al sur.

Quienes pueden permitírselo, lucen broches, pasadores y piezas de joyería con motivos trenzados e inscripciones rúnicas, estilo que también suele verse decorando sus armas.

Han pasado muchos siglos desde que los erkerÿlenses abandonaron las Tierras Heladas para establecerse en su propio territorio y, aunque las relaciones con los vaeringjar son excelentes, en Erkerÿl se tratará con frialdad y desconfianza a cualquier norteño que pertenezca a los clanes de Inergjar.

Y es que, desde niño, cada erkerÿlense oye recitar la historia de Thale Ergnir, y aunque ésta sea gloriosa, comienza con su derrota y castigo a manos de la Alianza del Interior.

Y un erkerÿlense es tan rápido para tomar las armas y acudir a la lucha, como lento para olvidar las ofensas, incluso si éstas se produjeron siglos atrás.
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