SakryniaLa tierra de las lágrimas

Primero tienes que librar a tu pueblo de la mancha de la vergüenza. Solo cuando recuperemos nuestro orgullo como nación, estaremos preparados para los tiempos que han de venir.
Lasdryt, soberana del Reino Libre de Yoilak
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Antaño uno de los grandes imperios, hoy es un reino casi al borde de la desaparición.

Hace quince años, el rey Manfred III se vio obligado a firmar el Tratado de Yerorbelle tras una guerra defensiva contra las legiones del Imperio de Darsham, ávidas por controlar la próspera ciudad portuaria.

Manfred, se había nombrado a si mismo Maestre de la Guerra, destituyendo a su predecesor y acusándole de las derrotas sufridas, pero nada cambió y las legiones continuaron venciendo batalla tras batalla.

De carácter débil, e intimidado por la leyenda del Gran Lobo de Darsham, accedió a las condiciones exigidas por el Imperio.

Se trazó una línea imaginaria en el mapa que dividió en dos mitades el Gran Reino de Yoilak. Al área septentrional, que quedó bajo el poder imperial, se le dio el nombre de Yoilak del Imperio, y la zona meridional conservó el nombre de Reino Libre de Yoilak.

La capital se trasladó a Bryungurtia desde Yerorbelle y, desde hace seis años,
reina Wald I, a la muerte de su padre.

Wald, al igual que su progenitor, es un hombre débil y, hasta la fecha, no tiene descendencia.

No existe una línea de sucesión directa, y algunos aspirantes se preparan para reclamar el trono en cuanto se presente la ocasión.

De todos ellos, el mejor situado es Tergard, que, aún contando con el patrocinio del imperio, no luchará contra un rey legítimo.

Durante toda su historia, la sociedad yoilakesa ha girado en torno al ejército y una política de meritocracia que impide el nepotismo. Un ciudadano yoilakés sólo puede ascender gracias a logros en el servicio y aunque los nobles parten con ventaja, lo más habitual es que los más preparados sean quienes ostentan los cargos importantes, sin importar cual sea su origen.

El tamaño del ejército se ha reducido de forma importante, aunque miles de veteranos que viven fuera del ejército por mandato imperial (el ejército septentrional yoilakés fue desmantelado por el Tratado de Yerorbelle) esperan en silencio una llamada a las armas.

El ejército de Yoilak, tras quince años de humillaciones y miradas reprobatorias por parte del pueblo, se ha vuelto indolente y falto de espíritu. El rey Wald no ha nombrado un Maestre de la Guerra aún, desde la muerte de su padre.
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