SakryniaLa tierra de las lágrimas

Extracto del pergamino “Sakrynia”, incluido en los rollos de Amón Dafir; pertenecientes a la colección de la biblioteca de Jibdar-ra, anteriormente conocida como Methnara, la Luz del Mundo.
Amón Dafir, último escriba metmethí
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En la época en la que Methnara era la luz del mundo y Saramir gobernaba con sabiduría, el imperio metmethí se había expandido mucho más allá de las montañas, sometiendo a yoilacos, davacos y esteparios.

Los dioses miraban complacidos el brillo de sus hijos predilectos que elevaban plegarias y templos para glorificar a los Creadores.

Todo metmethí vivía con comodidad en una tierra bendecida por los Creadores; rica, fértil y plácida. Los pueblos inferiores aportaban músculo para construir las ciudades, los templos y los grandes zigurats, y nos liberaban de realizar las tareas menos elevadas y más pesadas.

Nadie podía pensar entonces que al imperio metmethí, igual que le ocurre al sol cuando alcanza su punto más alto en los cielos, solo le aguardaba un descenso hacia la más terrible oscuridad… Y Saramir el Grande lo esperaba menos que nadie...

Pero así sucedió.

Del cielo se precipitaron enormes rocas ardientes que causaron una gran destrucción; arrasaron ciudades, arruinaron bosques y campos, y cubrieron los cielos de humo, oscuridad y desesperación.

Y más tarde, la tierra se quebró, y de su interior brotó un fuego imposible de apagar. Y se abrieron simas terribles. Y se levantaron montañas allí donde nunca las hubo.

Y después llegaron las aguas del mar. Inundaron las tierras bajas y penetraron en las áreas interiores con su fuerza destructora.

Más tarde, la tierra de los metmethíes, aquella que una vez fuera bendecida por los Creadores, se convirtió en un lugar árido y difícilmente habitable, en el que horribles criaturas sembraron el caos. Y, aunque dicen que el castigo no las golpeó con igual violencia, las tierras de Yoilaqja y Davaqja también resultaron afectadas.

Y el Sumo Sacerdote Yavdan anunció que las rocas de fuego que cayeron de los cielos eran las lágrimas de los Creadores.

Y Saramir, contemplando los despojos del mundo, los restos de su imperio, exclamó llorando que, a partir de ese momento, el mundo sería conocido como La Tierra de las Lágrimas… ¡Sakrynia!
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