SakryniaLa tierra de las lágrimas

Heredé el mayor imperio de todos los tiempos y estoy condenado a verlo desaparecer.
Saramir el Grande, último rey metmehtí
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La primera vez que Yavdan regresó ante sus hermanos metmethíes, sus huestes de criaturas salvajes y malignas fueron derrotadas y el propio brujo fue apresado y ahorcado, pero tal era ya su poder que regresó de la muerte.

Y, sorprendentemente, se enfrentó a Zaresh, a quien logró derrotar. Consiguió enviarlo de vuelta más allá del Velo y, desde aquel momento, convirtió al poderoso Señor del Abismo en un esclavo obligado a obedecerle desde el otro lado cada vez que el brujo lo requiriese.

Retornó una segunda vez y a punto estuvo de lograr la victoria ante quienes fueron sus hermanos pero, los generales del decadente Saramir pudieron derrotarle de nuevo.

Yavdan fue ejecutado en público. Lo decapitaron y después quemaron su cuerpo. Pero, el poderoso brujo retornó poco después, con su cuerpo deforme marcado por el fuego.

El Inmortal reunió una vez más a las mismas criaturas que lo habían mortificado y que ahora, obedecían sus órdenes sin titubear y marchó contra Methnara, en cuyas planicies, aguardaba el ejército metmethí.

Pero, en esta ocasión, Yavdan comandaba un ejército donde marchaban miles de soldados a los que había obligado a volver de la muerte; en vida antiguos enemigos o aliados, avanzaban con sus cuerpos esqueléticos y los restos de su antiguo equipo de guerra poseídos por una voluntad única, la consciencia de Yavdan capaz de guiarles en el campo de batalla con un claro objetivo; aniquilar a los metmethíes.
Puede que el imperio fuese ya presa del caos, que los davacos y los yoilacos estuvieran venciendo sus revueltas y que la desesperanza anidase en sus corazones pero los últimos metmethíes lucharon bien.

Superados en número, a las órdenes de un líder titubeante y empequeñecido, enfrentados a criaturas horrendas y a un ejército sobrenatu-ral, los metmethíes pelearon inspirados por los generales de Saramir.

Perdieron la batalla. Y las huestes de Yavdan entraron en Methnara, la Luz del Mundo, y la des-truyeron casi en su totalidad.

Y Yavdan el Inmortal se proclamó Rey de Ambos Mundos.

Saramir el Grande enloqueció al perder su imperio y sacrificó a su propia familia antes de quitarse la vida.

No hubo otro rey después de él.

Pero el Señor del Abismo le reveló a Umanar, una de las generales de Saramir, el secreto de de las esquirlas de las lágrimas.

Umanar y un puñado de escogidos, volvieron a Methnara y, haciendo uso de las enseñanzas de Zaresh, lograron encerrar a Yavdan en el zigurat construido para el descanso póstumo de Saramir.

Y allí, prisionero y olvidado, ha permanecido durante todo este tiempo, hasta que hace algo más de veinte años, un saqueador alteró ligeramente uno de los sellos…
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