SakryniaLa tierra de las lágrimas

Encuentro un tanto irregular el hecho de no haber sido advertido de vuestra llegada. Pero, ¡en fin! Vos diréis en que puedo ayudaros…
Malorfan, Canciller del Magno Imperio para el Reino Libre de Yoilak
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Las tierras que hoy se conocen con el nombre de Sakrynia sufrieron una drástica transformación hace más de mil años cuando los vergeles del imperio Methmet se convirtieron en áridos desiertos, los mares calmos se tornaron en océanos tempestuosos y mortíferos, la luna apareció en los cielos como si siempre hubiese estado allí. Pero esa parte de la historia pertenece a “Los Secretos”.

La parte de la historia que nos ocupa es la de un mundo convulso en el que la guerra es la moneda de cambio más habitual, y en la que los imperios han caído desde lo más alto.

Así ocurrió con los
Dominios de Graundhar, que en la Era de las Grandes Reinas libró guerras conquistando el desunido territorio de Darsham. Aquella época fue realmente gloriosa, e incluso el fuerte Davaek terminó por ceder parte de su territorio ante el poder militar de los ejércitos graundhareses. Por aquel entonces, los vaeringjar eran un pueblo amigo con el que podían comerciar y apoyarse.

Pero la prolongada era gloriosa de
Graundhar terminó por llegar a su fin, y Davaek arremetió con fuerza reconquistando su territorio original y ampliándolo a costa de los Dominios. Davaek estaba llamado a convertirse en la nueva fuerza dominante, pero entonces sucedió algo inesperado. Las tribus bárbaras del este, unificadas por Gradalur, invadieron las tierras davaekianas dejando una marca de sangre y fuego que aún hoy perdura en los corazones. Davaek nunca perdonará que Yoilak no acudiese en su ayuda, por mucho que pasen los siglos.

Fue el
Reino Libre de Yoilak, gobernado desde Yerorbelle, la ciudad de la Sabiduría, quién se hizo fuerte. Libró una cruenta guerra contra el sultanato al mismo tiempo que invadían las tierras darshamitas y atacaban Davaek. Su periodo hegemónico fue largo y plagado de grandes victorias. El orgullo nacional hinchó los corazones yoilakeses.

Pero la
dinastía imperial se asentó por fin de forma estable y segura en Darsham, y tras más de un siglo de guerras intestinas, Darsham fue bendecido con una profunda identidad nacional. Fue solo cuestión de tiempo que arremetiesen contra Yoilak en una guerra larga y cruenta, en la que terminaron de tomar forma las legiones invencibles tal y como las conocemos en la actualidad.

Yoilak sufrió un desgaste terrible. Enfrentados a la implacable maquinaria militar darshamita, ahogados económicamente por thyslarios y davaekianos, conocieron la amarga derrota.

Davaek desoyó su petición de ayuda al igual que los yoilakeses hicieron cuando Gradalur les invadió a ellos. El sultanato de Kalem respetó el tratado de paz firmado con Yoilak y no presionó en la frontera sur.

Graundhar aceptó su anexión por parte del imperio darshamita al tiempo que el emperador se lanzó a la conquista de Erkerÿl. Aquella tibieza y docilidad de los Dominios les granjearon la eterna enemistad de sus antiguos aliados los vaeringjar, que aún hoy perdura.

El
Magno Imperio de Darsham domina ahora Graundhar, Erkerÿl, Davaek y la mitad del territorio yoilakés, que les fue entregado en virtud del Tratado de la Humillación. Los erkerÿlenses se encuentran en plena rebelión, ayudados por sus primos los vaeringjar que realizan incursiones en el norte de Darsham y la costa de Graundhar.

En el
trono imperial se sienta Drargran, Primero de Su Nombre, Magno Emperador del Mundo, Gran Lobo de Darsham y Señor de Todas las Tierras, un emperador fuerte y astuto, pero que se niega a aceptar que el imperio comienza a presentar los primeros síntomas de agotamiento
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